Comencemos con algunos estudios antropológicos seminales en el estudio del patronazgo en Argentina (algo así como un precedente de lo que hoy se conoce como 'redes clientelares').
Los estudios sobre patronazgo en Argentina suelen estudiar el clientelismo como parte de otros trabajos. La antropología social (la 'ciencia antropológica') fue, hasta fines de los '50s, una disciplina comprometida con el estudio del pasado (eso es, el pasado entendido como supervivencia atávica, como un conjunto de reliquias primitivas). Dejando de lado el caso de Pereyra (1), a partir de los '60s, en el marco de las políticas de desarrollo, la antropología se involucra en las poblaciones del presente (y aquellas que construyeron el sustrato poblacional a partir del cual se desarrollo el 'argentino/a'). Mientras la sociología estudiaba los espacios urbanos, la antropología estudiaba lo rural (lo 'más puro'), idea fomentada desde la academia estadounidense que en sus programas de desarrollo tuvo esa concepción de las relaciones sociológico-antropológicas.
Por ejemplo, Estela Hermitte -que estudió con Pitt Rivers en 1957 los procesos de desarrollo en las poblaciones yucatekas- y Carlos Herrán -quien trabajó en el CFI-, se abocaron al estudio de la producción de ponchos en Catamarca: quisieron ver el modo de igualar y racionalizar poder-orden para comercializarlos. Lo interesante es que no pudieron lograrlo: el impedimento fue que la población se organizaba en redes de producción -cual sistema 'federal'). De este modo, el patronazgo aparece casualmente en su trabajo bajo la forma de red de patronazgo (con la presencia de la 'mujer patrona', como una idea casi consustancial a la práctica). De hecho, otro antecedente surge de este mismo descubrimiento: los trabajos de Hebe Vessuri (estudiosa de la sociología de la ciencia, influenciada por el marxismo británico de los '60s) se dedican a la propiedad de la tierra, viendo que la relación entre las haciendas y minifundistas se construían en base a redes de patronazgo.
Si ya avanzamos al caso de Federico Neibhur en su etnografía sobre el caso Lomanegra (Olavarría), vemos que se recupera la idea de homología entre la relación que establece el peronismo con los trabajadores con la figura del patrón de hacienda (por cierto, una homología similar a la de Germani, acerca de que los trabajadores que engrosaron el proletariado urbano estaban 'formateados' para que un líder como Perón estableciese una relación de patronazgo con ellos (2)). Dentro de este tipo de enfoque, no olvidemos el caso del trabajo de Esther Hermitte y Leopoldo Bartolomé, donde se estudian los procesos de articulación social, en que el manejo del patrón es el de un 'broker' (en tanto que mediador). Un ejemplo allí podría ser el mundo de la hacienda y el mundo de la política...
Si pasamos al caso de Fernando Jaume -abocado al estudio de la ritualidad política-, podremos ver de qué modo dichos rituales son el preciso espacio de producción de facciones. Los rituales no son sólo un evento en el cual se reproducen condiciones de existencia del (y en el) grupo, sino que también se producen nuevas identidades y clivajes (y las cohesionan, además). Esto es inescindible de que los actos políticos son un hecho social total, instaurando la colectividad y la historia emocional de los últimos cincuenta años y que, aún, cuando frecuentemente se los usó como un refuerzo en el acceso a los recursos de los individuos en el campo social, los rituales pueden hacer que una sociedad produzca también diferentes sentidos. En esencia, los actos políticos objetivan la comunidad imaginada en la cual, a su vez, se objetivan las facciones que dan inicio a nuevas facciones (3). Vale recuperar que Jaume apela a una suerte de descripción densa (4), dado que describe un espacio conformado por una serie de datos producidos en el campo (y no a meras recolecciones).
Los estudios sobre patronazgo en Argentina suelen estudiar el clientelismo como parte de otros trabajos. La antropología social (la 'ciencia antropológica') fue, hasta fines de los '50s, una disciplina comprometida con el estudio del pasado (eso es, el pasado entendido como supervivencia atávica, como un conjunto de reliquias primitivas). Dejando de lado el caso de Pereyra (1), a partir de los '60s, en el marco de las políticas de desarrollo, la antropología se involucra en las poblaciones del presente (y aquellas que construyeron el sustrato poblacional a partir del cual se desarrollo el 'argentino/a'). Mientras la sociología estudiaba los espacios urbanos, la antropología estudiaba lo rural (lo 'más puro'), idea fomentada desde la academia estadounidense que en sus programas de desarrollo tuvo esa concepción de las relaciones sociológico-antropológicas.
Por ejemplo, Estela Hermitte -que estudió con Pitt Rivers en 1957 los procesos de desarrollo en las poblaciones yucatekas- y Carlos Herrán -quien trabajó en el CFI-, se abocaron al estudio de la producción de ponchos en Catamarca: quisieron ver el modo de igualar y racionalizar poder-orden para comercializarlos. Lo interesante es que no pudieron lograrlo: el impedimento fue que la población se organizaba en redes de producción -cual sistema 'federal'). De este modo, el patronazgo aparece casualmente en su trabajo bajo la forma de red de patronazgo (con la presencia de la 'mujer patrona', como una idea casi consustancial a la práctica). De hecho, otro antecedente surge de este mismo descubrimiento: los trabajos de Hebe Vessuri (estudiosa de la sociología de la ciencia, influenciada por el marxismo británico de los '60s) se dedican a la propiedad de la tierra, viendo que la relación entre las haciendas y minifundistas se construían en base a redes de patronazgo.
Si ya avanzamos al caso de Federico Neibhur en su etnografía sobre el caso Lomanegra (Olavarría), vemos que se recupera la idea de homología entre la relación que establece el peronismo con los trabajadores con la figura del patrón de hacienda (por cierto, una homología similar a la de Germani, acerca de que los trabajadores que engrosaron el proletariado urbano estaban 'formateados' para que un líder como Perón estableciese una relación de patronazgo con ellos (2)). Dentro de este tipo de enfoque, no olvidemos el caso del trabajo de Esther Hermitte y Leopoldo Bartolomé, donde se estudian los procesos de articulación social, en que el manejo del patrón es el de un 'broker' (en tanto que mediador). Un ejemplo allí podría ser el mundo de la hacienda y el mundo de la política...
Si pasamos al caso de Fernando Jaume -abocado al estudio de la ritualidad política-, podremos ver de qué modo dichos rituales son el preciso espacio de producción de facciones. Los rituales no son sólo un evento en el cual se reproducen condiciones de existencia del (y en el) grupo, sino que también se producen nuevas identidades y clivajes (y las cohesionan, además). Esto es inescindible de que los actos políticos son un hecho social total, instaurando la colectividad y la historia emocional de los últimos cincuenta años y que, aún, cuando frecuentemente se los usó como un refuerzo en el acceso a los recursos de los individuos en el campo social, los rituales pueden hacer que una sociedad produzca también diferentes sentidos. En esencia, los actos políticos objetivan la comunidad imaginada en la cual, a su vez, se objetivan las facciones que dan inicio a nuevas facciones (3). Vale recuperar que Jaume apela a una suerte de descripción densa (4), dado que describe un espacio conformado por una serie de datos producidos en el campo (y no a meras recolecciones).
(1) Antropólogo físico que estudió a conscriptos para ver 'el tipo físico y moral argentino', quedó vinculado al Círculo Militar y así llegó a la dirección de Migraciones, dejando la estela con su 'ficha antropológica de los inmigrantes' de claro corte antisemita.
(2) Este trabajo re-abre el trabajo de la antropología social en la Argentina y a los estudios culturales obreros en la tradición thompsoniana británica de los '60s.
(3) Allende estas cuestiones, Jaure es un autor interesante para el análisis del discurso que habla de cómo se 'produce' la política.
(4) Geertz ha acuñado la idea de descripción densa, un método que implica problematizar el hecho por medio de una descripción que ya describe una la realidad conformada por observador-participante. En otras palabras, es la significación de la significación.
(2) Este trabajo re-abre el trabajo de la antropología social en la Argentina y a los estudios culturales obreros en la tradición thompsoniana británica de los '60s.
(3) Allende estas cuestiones, Jaure es un autor interesante para el análisis del discurso que habla de cómo se 'produce' la política.
(4) Geertz ha acuñado la idea de descripción densa, un método que implica problematizar el hecho por medio de una descripción que ya describe una la realidad conformada por observador-participante. En otras palabras, es la significación de la significación.
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