Muchos estudiosos afirman que la socio-biología es, ante todo, una postura filosófica (o, al menos, una posición pre-científica, del orden de los supuestos primeros y no comprobables en el proceso de verificación científica) de la conducta humana. Quienes no comparten del todo esta postura, sostienen que analizar la conducta humana como un mero hecho biológico es una condición necesaria, pero nunca suficiente.
Para decirlo en dos o tres frases (que por supuesto no pretenden ser taxativas), dentro de la socio-biología nos encontramos con desarrollos que explican el comportamiento humano importándolo de la conducta animal (y en varios casos traspolandola en sentido inverso, también). Además, se encuentran desarrollos en que la conducta genéticamente adaptada de los individuos y la de las instituciones (o grupos) es equivalente (por lo tanto, la sociedad, la poítica -y todo espacio colectivo de interacción humana- es el resultado de la herencia biológica. Lo que nos lleva a una consecuencia lógica: nada puede cambiar ese comportamiento, al menos, en el corto plazo).
Tomemos un caso que resulta muy ilustrativo: el gran naturalista Edward Wilson dijo, en 1980, que el cerebro evolucionó por selección natural, y por tanto las capacidades para realizar juicios estéticos y creencias religiosas deberían seguir el mismo derrotero. En esencia, muchas conductas que se desencadenan en el espacio social humano deben ser concebidas en su conformación biológica, y por tanto, el odio, la conflicitividad, el amor, la capacidad para ser adoctrinado (o no), serían esquemas innatos para la supervivencia de la especie. En su famosa frase: 'somos quienes somos porque nuestro pasado fue como fue' ('we are who we are because of our pass was which was').
La sociobiología tiene algunos saberes de 'anclaje': digamos que la teoría de la evolución (que informa a la genética), la paleontología, la etología y la ecología sirvieron de base para su diseño como teoría. En el plano de la etología, tenemos dos casos muy importantes, el de Konrad Lorenz y el de Niko Tinbergen, quienes se opusieron al conductismo reinante en su tiempo (esto es, a quienes concebían el comportamiento como un producto de hábitos aprendidos y luego automatizados, en una idea no tan lejana a la del reflejo condicionado). Dentro del campo etológico, abundan los estudios comparativos de los patrones de comportamiento como resultado de adaptaciones filogenéticas, y se concibe a los instintos como pautas fijas de comportamiento emergentes del proceso de evolución y de selección natural (por tanto son invariables y compulsivos, lo que implica que, una vez desencadenados se desarrollan hasta el final del estímulo). Vale aclarar que en el caso de los instintos, no todos los etólogos opinan de manera equivalente: mientras para Lorenz son siempre desencadenados de manera interna -hormonal- (por lo que se puede producir 'en vacío' -sin desencadenante externo-), para otros etólogos pueden ser desencadenados por los estímulos externos que los disparan (estro, calor, amenazas, etc.).
Una nota pequeña acerca del aprendizaje en Lorenz (la incluimos porque es realmente interesante): La capacidad de aprender está ligada a la de mecanismos fijos de comportamiento (un ganso sabe copular de modo innato, pero tiene que aprender a reconocer el acto). Esto conduce al concepto de troquelado: en los animales existen diferentes tiempos (momentos) para poder aprender en momentos precoces. Otra idea importante dentro del proceso de aprendizaje es la de homología, que se da en una estructura biológica de idéntico origen pero de diferente aspecto y no necesariamente de una función análoga (por ejemplo, las alas de los pájaros y la aleta de las ballenas), que por sus conexiones y simetría determinan una misma estructura. El aprendizaje por homología puede ser comprendido de manera rápida -y tal vez algo sintetizada- con un ejemplo conocido: la sonrisa humana deriva del rictus de los primates.
